testimonios

Testimonio, los días más oscuros de mi vida.

Mi nombre es Susana, mis días más oscuros empezaron hace más de 14 años que yo sea consiente ya que anteriormente no me podía caminar mucho y me sentía mal en general, incluso con 20 años estuve ingresada  unos 20 días y me dieron el alta sin diagnóstico, como ha sido en muchas ocasiones a lo largo del proceso de mi enfermedad.

Mi vida era  prácticamente normal en relación a la familia, trabajo y círculo de amistades.  Yo trabajaba mucho y desde muy joven, me gustaba mucho mi trabajo y me sentía muy realizada  profesionalmente, en los últimos años me costaba llegar a mi centro de trabajo así como pasar un día de campo ya que no podía andar mucho por mi claudicación en ambas piernas.

Un día a la salida de trabajo me empezó un dolor intenso en pies y piernas que no podía dar ni un solo paso, iba con los compañeros de trabajo y me dio tanta vergüenza de no poder dar ni un paso que les dije que me quedaba allí, ya que había quedado allí con una amiga, me senté  y no pare de llorar ya que sentía que la cosa era más grave de lo que yo quería ver; tardé en llegar al coche una hora, que se puede hacer en 5 minutos con lágrimas en los ojos llegue como pude a mi casa. Me metí en la cama con el deseo que al día siguiente desapareciera el color blanquecino y el frio de mis piernas pero interiormente sabía que la cosa era más grave de lo que quería reconocer, en menos de 24 horas estaba ingresada y mentalizándome, ya que me dijeron que me cortarían una pierna. Tengo que dar las gracias a mi doctora de vascular ya que ella creía que era algo más que una arterosclerosis por fumar y en contra de sus compañeros del equipo médico  me puso un tratamiento para poder salvar la pierna, hoy gracias a su profesionalidad y humanidad tengo las dos piernas.

Aquí fue donde empezó la oscuridad en mi cabeza ya que no veía salida a todos los cambios que empezaron en mi vida. La familia siempre ha estado a mi lado, pero siempre he sido muy optimista  y para no hacerles sufrir, fui  aprendiendo a vivir y conocer todos mis yos.

Las secuelas de la enfermedad van haciendo cicatrices, tras cicatriz en mi cuerpo, ya no puedo trabajar y  dependo de muchas personas para poder hacer mi vida lo más normal que puedo, dentro de mis limitaciones. Mucha medicación y tratamientos para poder frenar la enfermedad y una vez más gracias a la doctora de Inmunología, que me ayuda tanto en el proceso.

Todo se vino abajo, el trabajo y un gran círculo de amistades, bueno más que amistades te das cuenta que eran conocidos, solo te queda el calor de unos pocos y que con el apoyo familiar, me ayudan a caminar por el desierto de mi oscuridad. Con el tiempo me di cuenta que el interruptor de la luz lo tenía yo, y solo yo podía cambiar esa oscuridad por un arco iris. Comencé a tomar consciencia de que tenía que soltar cosas viejas para poder empezar algo diferente y sano para mí.

Encontrar el apoyo de la asociación y sentirme comprendida ha sido un gran paso en mi día a día, formo parte de una pequeña gran familia que nos apoyamos en los días buenos y no tan buenos, gracias a ellos todo cobra sentido dentro de mí.

Bueno y para terminar quiero agradecer a mi familia, el apoyo incondicional y que tanta falta me hacen, GRACIAS con mayúsculas por hacerme sonreír y poder llorar en vuestro hombro.

OS AMO

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